martes, 24 de diciembre de 2013

Mi primer "sueldo" de escritora.

Hola a todos, ayer recibía en mi correo electrónico un email inesperado. Mi "socio" Amazon me informaba amablemente, que iba a transferirme cierta cantidad de dinero a mi cuenta corriente. No os podéis imaginar la alegría y la sorpresa que me asaltaron en ese instante. Leí el email tres veces por si acaso...jajajaja

Nuestra Real Academia de la Lengua Española define <Trabajo> como; una ocupación retribuida. Por lo que, a día de hoy, puedo decir que trabajo como escritora. No es un trabajo que pueda mantenerme, ni pagar las facturas o la hipoteca a final de mes. Pero con este primer "sueldo" si que voy a invitar a mi marido a una estupenda cenita para brindar por nosotros y por nuestros libros.
¿Para que servirá realmente este dinero? Pues, a parte de la cena y algún caprichito, ayudará a que mis ganas se multipliquen, que mis ilusiones no mueran y que siga haciendo esto que tanto me gusta...escribir.

Para mí, escribir, no es ni será nunca un "trabajo", es una vocación, una pasión, una necesidad que tengo que cubrir.

Cómo todos sabréis, el día 20 de este mes, salió a la venta en Amazon mi nueva novela "El octavo sacerdote". Espero que me traiga tantas alegrías como su antecesora "Nota de suicidio", pero sobretodo espero... que consiga tocar las teclas de los sentimientos y las sensaciones en el lector, que no les resulte indiferente.



Podéis descargarlo en el siguiente enlace:

http://www.amazon.es/El-Octavo-Sacerdote-Sirkka-Ports-ebook/dp/B00HGFGGPK/ref=zg_bs_1349601031_29


No me despido sin felicitaros a todos las Navidades, espero que paséis una Nochebuena estupenda, rodeados de vuestros seres más queridos. Y no olvidemos, dar las gracias por lo afortunados que somos y ser solidarios con aquellos que no tienen tanta suerte. 

Mis mejores deseos para todos vosotros...







Hasta mi próxima entrada...un beso!
Sirkka Ports.

jueves, 12 de diciembre de 2013

¿OBRAS MALDITAS O TRÁGICAS CASUALIDADES?

Ciertas casualidades de la vida son interpretadas como algo más...¿Existen realmente las maldiciones? Esa pregunta me está rondando la cabeza desde que empecé a escribir mi novela "El Octavo Sacerdote", no ha sido un proceso de creación tranquilo... y bueno, el final ha sido de traca. Pesadillas, terrores nocturnos y sucesos inexplicables me han sucedido mientras me ponía en la piel del mismísimo diablo.
Antes de contaros mis "casualidades" voy a recordaros algunos terribles ejemplos de obras malditas...

1.-POLTERGEIST.

Esta película es una de mis favoritas, aún puedo sentir el escalofrío que me recorrió cuando escuche a Caroline decir: "Ya están aquí.."
Una oscura maldición parece haber marcado a sus actores, empezando por la dulce Heather O'Rourke que interpretaba a la protagonista, enfermó y murió con tan sólo 13 años. Pero la historia más cruel, es la de la actriz Dominique Dunne que interpretaba a su hermana mayor, ya que cuatro meses después del estreno fue brutalmente asesinada por su novio.
El actor Will Sampson, que era el médico indio de la segunda entrega de la trilogía, también falleció por problemas post-operatorios a los 53 años y el actor Julian Beck, en la piel del terrorífico anciano que tanto miedo me daba a mi...fallecía tras acabar de rodar la primera parte. Aunque en este caso, el actor padecía un cáncer terminal que tenía diagnosticado antes de empezar con Poltergeist.



2.- EL EXORCISTA.

Esta película es un referente del género de terror, la película más aterradora que he visto, insuperable. También ha sufrido su propia cadena de "terribles casualidades", aunque en este caso concreto el número de muertos si que pone los pelos de punta. Siete miembros del equipo técnico fallecieron por diversas causas durante el año que duró el rodaje y tras él, dos de los actores secundarios también murieron sin poder asistir al estreno de la película.

Además, el plató se incendió de manera inexplicable, retrasando el rodaje unas seis semanas... el director, asustado, pidió a un sacerdote que bendeciera el set para seguir grabando. Algunos miembros del equipo atestiguan que en el rodaje varios objetos levitaban ante sus ojos y que se escuchaban muchos ruidos e incluso voces.







3.- LA SEMILLA DEL DIABLO.

Película de Roman Polanski, en la que Mia Farrow, como actriz protagonista, pasa la película embarazada, sabiendo que lleva en sus entrañas al hijo del diablo. Sólo una muerte se produjo durante el rodaje, el compositor de la banda sonora falleció de forma similar a un personaje de la película, pero la maldición a Polanski vendría años después...su bella esposa Sharon Tate fue asesinada, junto con otras siete personas, por la familia Manson cuando ésta se encontraba embarazada de siete meses...embarazada, como la protagonista de la semilla del diablo.





Esta claro que el miedo es "gratis" y cada uno se coge el que quiere...pero os confieso que, mientras escribía mi novela, pasé más miedo del que hubiera querido. Las pesadillas entran dentro de lo considerado normal, ya que estar tratando temas como estos conduce a que el subconsciente trabaje por su cuenta. Estas pesadillas se las conté a mi madre, ella con toda su buena voluntad me prestó un rosario para que me lo colgara al cuello, no hace falta decir que me lo puse para que se quedara contenta y, siendo sincera, también para sentirme "protegida". A los tres días, una erupción alérgica me obligó a quitármelo (esto es normal en mi y no lo achaco a nada sobrenatural, soy de piel sensible). Con sumo cuidado lo guardé en un bolsillo exterior de mi bolso para que no se rompiera ni dañara, esa misma tarde se lo iba a devolver a mi madre. Lo extraño, sorprendente e inexplicable es, que cuando abrí el bolsillito para devolvérselo, el rosario estaba partido por diez sitios diferentes...si, si, cómo os lo digo...estaba tan destrozado que incluso tenía bolitas sueltas esparcidas por el forro del bolsillo. ¿Cómo se rompió? Pues no tengo ni la más remota idea...pero no se rompió, se desintegró, literalmente. Mi madre tardó cuatro horas en volver a reconstruirlo.

Sábado 30 de noviembre, hacia las ocho de la tarde termino mi novela. Estaba en casa con mi marido ( que también es mi maquetador, mi corrector y mi editor) hablando de los tres finales que me rondaban en la cabeza y explicándole el porque iba a elegir uno de ellos en concreto. Dos horas después de esto, cuando mi marido se dirigía a su lugar de trabajo, tres jabalíes se le cruzaron en la carretera provocando un accidente del que él, gracias a Dios, salió herido leve. Dos de los jabalíes acabaron muertos y tendidos en el asfalto de la carretera. ¿Casualidad? Seguramente sí.
Pero cómo todos sabréis, el jabalí en cualquier "bestiario" es conocido como uno de los animales que representa al diablo, en contraposición con el cordero que representa a Dios. Ahí lo dejo...



Estas son mis "casualidades" y espero que sean las únicas que tenga que contar...que quede claro que, de ningún modo me comparo con las obras anteriores, ni ganas. Simplemente, os hago partícipes de estas "coincidencias" o de estos "sucesos extraños"..y os pregunto a vosotros.

¿Os ha pasado algo extraño alguna vez? ¿Habéis vivido algún suceso inexplicable?

Espero leer vuestros comentarios...y hasta mi próxima entrada!


viernes, 6 de diciembre de 2013

PORTADA DE "EL OCTAVO SACERDOTE"

Esta entrada es especial, vengo a presentaros la genial portada de mi próxima novela de terror "El Octavo Sacerdote". Ha sido posible, gracias al talento de Alexia Jorques (AJ Ediciones Digitales), que ha conseguido recrear a la perfección la portada que yo tenía en mi mente y le encargué que me hiciera.

Las portadas son importantes, cada día más, el volumen de obras publicadas es inmenso y se debe intentar destacar... al menos intentarlo. Sucede lo mismo que con las personas...aunque se diga que no juzguemos a alguien por las apariencias, desgraciadamente en un primer impulso lo hacemos. Y aunque se diga que no debes elegir un libro por la portada, si está bien hecha, destaca inevitablemente de las demás, contribuyendo a que el lector se decida por ti. Eso sí, todo debe guardar una armonía, el contenido es esencial para que aquel lector que se ha dejado atrapar por la portada, se alegre de haberlo hecho.

La novela es intensa, en algunos momentos cruda y en otros terrorífica, siguiendo la línea de mi otra novela "Nota de Suicidio", si os gustó la primera no lo dudéis...esta os va a encantar! Un exorcismo es el protagonista de toda la trama, rodeado de intriga y sorpresas en el último minuto.

Espero que os guste la portada tanto como a mí...¿Creeis en el diablo?

    

                                                                    SINOPSIS

 
En un lujoso ático de la capital, varios hombres y mujeres dan rienda suelta a sus instintos más primarios, sexo en grupo, drogas y elementos de fetichismo satánico son los ingredientes que conforman este tipo de “fiestas” especiales. Los organizadores de estas fiestas han secuestrado a Elsa, una joven de buena familia, que víctima de su adicción a la heroína encuentran vagabundeando por las callejuelas de la Cañada Real de Madrid. Pero esta vez algo va a ser diferente, no se puede invocar al diablo a la ligera sin esperar recibir respuesta por su parte.
El extraño comportamiento que Elsa muestra en su casa tras el suceso, parece ser consecuencia directa de su proceso de desintoxicación. Pero el motivo es otro, el diablo anida en su interior, esperando la oportunidad para destruir a todo aquel que se acerque a ella. Un joven sacerdote será el encargado de exorcizar a Elsa, sin experiencia previa que lo avale, el padre Sebastián intentará por todos los medios conseguir que el demonio no gane la partida. Sin embargo, su tarea se verá envuelta en una gran tela de araña, formada por oscuros secretos que saldrán a la luz en el momento más inesperado. Un viaje por los pecados del hombre que te llevará a descubrir el mal en todas sus facetas, bien sea luchando cara a cara con el diablo o desmantelando la podrida trama de corruptela que les envuelve a todos. Nadie se encuentra a salvo, ¿Tú crees en el diablo?


Hasta mi próxima entrada...saludos!






martes, 3 de diciembre de 2013

AGRADECIDA POR LA NOMINACIÓN A LOS "ONE LOVELY BLOG AWARDS"

Agradecimiento, esa es la palabra exacta que define lo que siento, al verme nominada en los "One Lovely Blog Awards" junto a unos escritores de tanto nivel. Mil gracias Alexia Jorques por acordarte de mi e incluirme en tu lista. No tengo experiencia en esto pero seguiré tus maravillosas instrucciones.

Las instrucciones a seguir por mis nominados son estas, espero que os resulte sencillo y disfrutéis siguiendo la cadena, una vez nominados debéis contestar a las preguntas que os deje aquí. Vosotros por vuestra parte, debéis nominar a otros que repetirán la operación.

A continuación contestaré las preguntas que me han formulado.

1.- ¿Cuándo empezaste a escribir "en serio"?

Hace un año, leí un relato corto en mi kindle recién estrenado y me dijeron que era autopublicado. Entonces decidí que era momento de mostrar aquello que tanto me gusta hacer, crear historias, dar vida a personajes, fantasear despierta.

2.- ¿Momento preferido del día a la hora de escribir?

Pues siendo sincera, me gusta mucho por las mañanas, aunque no me fuerzo. Si no estoy inspirada no me siento a escribir, suelo esperar a que el cuerpo me lo pida.

3.- ¿Cuánto tiempo le dedicas?

Menos del que quisiera, por desgracia no vivo de lo que escribo y tengo mi trabajo "oficial". Además me encanta dejarme absorver por mi preciosa niña de dos años llamada Sara.

4.- ¿Has publicado algún libro?

Sí, "Nota de Suicidio" en el 2012. Ahora estoy a punto de publicar mi nueva novela "El Octavo Sacerdote", ambas de terror.

5.-  ¿Autopublicado o por editorial?

Autopublicado.

6.- ¿Cómo ha sido tu experiencia?

Muy satisfactoria, de hecho voy a repetir en breve.

7.- ¿Has contratado servicios externos?

En mi primer trabajo no lo hice, pero ahora he contratado los servicios de AJ Ediciones Digitales para que se hiciera cargo de la portada y no puedo estar más contenta con el resultado. Para maquetar no busco a nadie, mi marido David López es mi editor, se encarga de todo ese proceso. Debo decir que es un editor estupendo, no encontraría otro mejor.

8.-¿Recomiendas la autopublicación?

Por supuesto. Creo que es algo genial el poder mostrar tu trabajo, que la gente te lea y sean ellos los que juzguen sobre el mismo. A mi me parece que es una gran oportunidad, si un escritor escribe es para ser leído, sin los lectores todo esto no tiene sentido.

9.-  ¿Algunos consejos para los nuevos escritores?

No soy nadie para dar consejos, pero sólo les diría que disfruten escribiendo sus historias, que crean en ellas. Y sobretodo, que se dediquen a escribir y no se preocupen por los temas de maquetación, portadas, etc...los pueden tener solventados a precios muy económicos por grandes profesionales.

Ahora toca el momento de premiar, mis 9 nominados son:

1.- Carmen Cervera Tort.
2.- Pedro Urvi.
3.- Blanca Miosi.
4.- Chris J. Peake.
5.- Eduardo Perellón.
6.- Josep Capsir Comin.
7.- Mayte Esteban.
8.- Carmen Villamarín.
9. Jose Antonio Carbonell Pla.

Mis nueve preguntas para ellos son:

1.- ¿Cuántas obras tenéis publicadas?
2.- ¿Autopublicación o editorial?
3.- ¿Planificais las historias al detalle antes de escribirlas o las dejáis surgir sobre la marcha?
4.-¿Cómo promocionáis vuestras obras?
5.-¿Cuánto tiempo le dedicais a escribir?
6.-¿Habeis cambiado algún final después de escribirlo?
7.-¿Ebook o libro en papel?
8.-¿Cuánto dura vuestro proceso de documentación?
9.-¿Algún consejo a los nuevos escritores?

¡Un saludo!
Hasta mi próxima entrada...








jueves, 21 de noviembre de 2013

LA DETENCIÓN

         Hola a todos, voy a presentaros un relato que escribí hace tiempo. Hace años que soy una fan empedernida de la artista valenciana Victoria Francés, para aquellos que no la conozcais sólo deciros que es una ilustradora brillante. Muchos de sus dibujos me han inspirado para escribir y uno en concreto, me ayudó a crear un personaje que sigue en evolución...Teresa. Cuando la creé, supe que iba a ser uno de mis personajes favoritos.
           Este dibujo de Victoria Francés es el culpable de que en mi imaginación naciera Teresa y todo su mundo. Os pongo una imagen para que podais verla.

      Una bruja tan hermosa no podía pasarme desapercibida, y de llamarla Teresa pasé a llamarla Alba y a convertirla en la protagonista de mi novela "La sangre de las Brujas".
Espero que disfruteis de este relato que lleva tiempo guardado en la memoria de mi ordenador...creo que es momento de sacarlo a la luz.


                                                               

                                                                 LA DETENCIÓN.
   

            Ciudad de Toledo. Año 1495.
            Es martes por la mañana, pero pese al intenso frío el mercado está repleto de gente regateando el precio de los productos o animales que se exponen hoy a la venta. La plaza de Zocodover, dónde cada semana se ubica el mercado, es la plaza principal de la ciudad y su centro neurálgico. Aquí se congregan cada martes musulmanes, judíos y cristianos, Los Reyes Católicos, después de haber conseguido conquistar finalmente Granada hace tres años, pretenden que todos los musulmanes o judíos que vivan en territorio español se conviertan a la fe cristiana bajo pena de expulsión del territorio español, perdiendo todos sus bienes y posesiones que pasan automáticamente a manos de la Corona.
La avalancha de conversos y la sospecha de sus verdaderas motivaciones provoca que se instaure en España el Santo Oficio. La Santa Inquisición, es la encargada de investigar aquellos casos de falsos conversos o herejes, ha establecido uno de sus Tribunales más eficientes en la ciudad de Toledo. Las detenciones y persecuciones se suceden cada vez con mayor asiduidad, el miedo va calando en los "nuevos cristianos" al descubrir la descarada arbitrariedad de los arrestos. El mercado, a estas horas de la mañana, está en pleno apogeo y Teresa avanza con dificultad entre el gentío, va sorteando hábilmente los obstáculos que la separan de su destino. Está intentando llegar a la parada del mercado en la que se venden las hierbas para infusión más frescas y efectivas. Necesita comprar un surtido variado, aunque sabe, que con las pocas monedas que lleva lo va a tener difícil. Teresa es una mujer joven, de estatura media, con un cuerpo bonito y un rostro muy bello, su piel es morena, pero la característica que más destaca en ella es su larga y lisa cabellera morena, su melena termina en su cadera. Lleva unas trenzas que le recogen el pelo por las sienes, evitando que le moleste en la cara, pero este semi-recogido no impide que le caiga libremente el resto del cabello por la espalda. Se advierte que sus ojos son especiales, del mismo color que la miel y con unos tintes color ámbar que atrapan al que se atreve a mirarlos demasiado tiempo. 
     Los gritos de los vendedores para captar la atención de potenciales compradores obligan a que el tono de las conversaciones que allí acontecen sea más alto de lo normal, y gracias a ello, Teresa no puede evitar escuchar la animada charla de dos mujeres de mediana edad. Están hablando de la detención que ayer en plena noche efectuó el Santo Oficio.
─¿Conocías a la familia Ábsalon, a los que detuvieron anoche en la judería? ─pregunta la más corpulenta de las dos.
─Sí, son "nuevos cristianos", abrazaron la fe verdadera hace apenas cinco meses, pero por lo visto, no lo hicieron con verdadera convicción cristiana, sino para evitar ser expulsados y despojados de todos sus bienes… que no eran pocos ─responde la otra.
─Según he oído, sólo ha conseguido escapar la hija mayor, pero la están buscando. Los han detenido porque la familia continuaba con sus prácticas judías en secreto ─sigue diciendo la más corpulenta.
─¡ Herejes! Arderán en el fuego eterno. Podemos dar gracias al cielo de que su vecina los descubriera y diera buena cuenta de ello a los comisarios de la Santa Inquisición.─contesta complacida la otra.
     Aunque Teresa está colocada estratégicamente de espaldas a la mujer más corpulenta, no puede evitar que las mujeres se fijen el la incómoda proximidad que las une y opten por callar de inmediato, recelosas de su presencia. Intentando disimular, se hacen muecas y gestos entre ellas señalando a Teresa, que a estas alturas, ya se ha dado cuenta de que ha sido descubierta en su indiscreción. Cómo sabe que las dos mujeres ya no van a continuar con la conversación que le interesa, Teresa con una agilidad sorprendente, se escabulle entre la multitud. Camina con la cabeza gacha y a buen ritmo, se da algún que otro golpe sin importancia en los hombros al chocar contra la gente que se apiña frente las paradas. Su respiración se ha acelerado y cuando consigue salir de la plaza le falta el aliento. 
     Una vez libre de la aglomeración repara en que no ha comprado las hierbas que necesitaba, pero después de lo que acaba de escuchar, ese es su menor problema. Teresa sabe perfectamente quién es la familia detenida por el Santo Oficio, aunque concretamente a quién conoce es a la muchacha que por lo visto ha conseguido escapar, a la hija mayor de los Ábsolon llamada Ruth. 
     El camino desde la plaza hasta su casa es largo, por ello, emprende lo más rápidamente posible la marcha sin detenerse. Durante el trayecto, Teresa empieza a pensar en los posibles puntos de conexión que puedan relacionarla con Ruth, sabe que si acaban apresándola y es lo más probable, la interrogarán sobre su familia, amigos y conocidos. Además, precisamente ahora, el estado anímico de Ruth es vulnerable, si ejercen sobre ella un poco de presión contará más de lo necesario, y eso, a Teresa no la beneficia en absoluto. Llegar a esta conclusión le provoca una angustia terrible, siente una opresión en el pecho que la asfixia, no pensaba que volvería a encontrarse en la misma situación tan pronto. Hace tan sólo seis meses que había venido a vivir con Esteban a Toledo, dejaron su pueblo natal en Segovia escapando de milagro de la inminente detención del Santo Oficio. Pensaron que si cambiaban de ciudad y empezaban de cero, siendo más discretos, jugando con la ventaja que da el anonimato en una gran ciudad como Toledo, conseguirían esta vez burlar a la implacable Inquisición. Pero de repente se han visto de nuevo en peligro,  si no actúan rápidamente puede que esta vez no tengan tanta suerte. 
             Ya falta poco para llegar a su casa, de hecho al término de la estrecha callejuela por la que transita se divisa la vivienda. Es una casa pequeña, humilde, y se la ha arrendado por un precio muy asequible el ahora preso Isaac Ábsalon, el padre de Ruth. Ese fue el motivo por el que conoció Teresa a la joven Ruth. Cuando Teresa y Esteban llegaron a Toledo no conocían a nadie, pero en Riaza su pueblo natal en Segovia, les habían hablado de la acaudalada familia de judíos Ábsalon y de los alquileres tan baratos que proporcionaban a los forasteros. No resultó difícil encontrarles, vivían en el arrabal judío de Toledo, en la llamada judería y al llegar allí, simplemente con pronunciar el apellido Ábsalon, les indicaron dónde tenían que dirigirse. Al mes de instalarse Teresa y Esteban en la vivienda, fue Esteban quien se enteró de que la familia Ábsolon al completo se había convertido a la fe cristiana. Realmente no tenían muchas otras opciones, si no lo hacían serían expulsados y perderían todas sus posesiones y todo su dinero, simplemente fueron pragmáticos. 
     Teresa por fin ha llegado, está cansada y nerviosa, el desasosiego que la invade no la deja tranquilizarse, su infalible intuición la está avisando del peligro que corren si se quedan en Toledo.
─¿Esteban estas en casa? ─pregunta mirando a derecha e izquierda. ─Esteban responde de inmediato, debemos recoger nuestras cosas y marchar de aquí sin demora!─exclama esta vez enfadada por la falta de respuesta.
             Se apodera de un saco raído que le sirvió para trasladar sus enseres cuando vinieron a vivir aquí y empieza a llenarlo sin prestar demasiada atención a Esteban que acaba de entrar. Ha salido de la única habitación de la casa, el dormitorio, y cuando Teresa se da la vuelta y lo mira un escalofrío le recorre la espalda.
─¿Esteban que pasa? ─pregunta mientras le zarandea suavemente.
-─Teresa tenemos un problema en la habitación...─dice señalando el dormitorio ─En la habitación está...
─¿Quién está? ─ pregunta con una mezcla de miedo y enfado mientras entra en la habitación.
             Cuando cruza el umbral de la puerta palidece al instante, allí sentada en la cama está Ruth, precisamente la persona a la que menos ganas tenía de encontrarse, la joven a la que andaba buscando la Santa Inquisición por cada rincón de Toledo. Ruth esta sentada y su postura es extraña, indica que no se encuentra bien y por las muecas en su rostro el dolor que está padeciendo es intenso.
─¿Qué estás haciendo aquí? Ya te dejé bien claro que no quería volver a verte.
─Teresa por favor ayúdame...─su voz sonó como un susurro ─anoche los alguaciles de la Inquisición detuvieron a toda mi familia, a mis padres y a mis dos hermanos pequeños. Yo conseguí escapar cuando tuvieron que centrarse en mi padre que opuso resistencia, pero no sabía a dónde ir y además... ─no puede contener el llanto.
─Me acabo de enterar de lo de tu familia, os consideran unos herejes por no abrazar la fe cristiana de corazón ─dice con evidente sarcasmo Teresa.
─¡Y qué más quieren! Hemos renunciado a nuestra religión, ¿no les parece suficiente? El verdadero problema es que somos una familia de judeoconversos demasiado ricos. Con esta infame detención, acabaremos muertos y nuestro dinero en las arcas de la Iglesia y de la Corona.
─A mi eso no me importa Ruth, ahora por tu culpa nos has puesto en serio peligro a nosotros dos ─dice señalando a Esteban- ¡Vete de mi casa inmediatamente!─le grita Teresa con tanta fuerza que Ruth da un respingo.
─No puedo....no puedo...mírame...
            Ruth se levanta a duras penas y Teresa ve una enorme mancha de sangre que cubre la cama. Es una mancha de considerables dimensiones, la sangre es oscura, casi negra.
─¿Tomaste anoche el brebaje que te preparé? ─pregunta Teresa intentando calmarse.
─Si, lo tomé justo antes de que nos sorprendieran con el arresto. Ahora me duele Teresa, me duele mucho. Ayudame por favor, ¿Que puedo hacer? ─pregunta mientras se retuerce por los dolores en su abdomen.
─Estás sufriendo un aborto. Durante al menos veinticuatro o cuarenta y ocho horas sentirás contracciones muy dolorosas en el bajo vientre, no puedo hacer nada.
            Ruth empieza a llorar, Teresa está maldiciendo la hora en la que se cruzó esta niña en su camino. 
Ruth tiene tan sólo quince años y a esta edad, los enamoramientos son profundos. Un joven hidalgo de noble cuna se fijó en ella, no le costó demasiado convencerla del amor que le consumía las entrañas, del vacío que sentía cuando no la tenía cerca y de sus honorables intenciones. La engañó vilmente para que le entregara su virtud, y después de unos meses la abandonó a su suerte, ni siquiera sabe que la había dejado preñada. Todo esto acontecía cuando se instalaron Teresa y Esteban en una de las casas de arriendo de su padre, lo que propició que en una de las visitas de Ruth para cobrar el alquiler Teresa descubriera sin demasiado esfuerzo su gran secreto.
─Estás embarazada ─le dijo Teresa.
─No.
─¿Lo saben tus padres? ¿Quieres tenerlo? ─preguntó Teresa sin obtener respuesta ─si no quieres tenerlo yo puedo ayudarte, a cambio de una rebaja en el alquiler de la casa, ¿que te parece?
─¿Cómo lo harías? ─preguntó Ruth ciertamente aliviada.
─Tú sólo deberás tomarte un brebaje de hierbas que te prepararé, es amargo pero efectivo, asegúrate de que coincida con tus periodos menstruales y podrás fingir que tienes una regla más dolorosa y abundante.
─De acuerdo. Tú dame sólo la mitad de vuestro alquiler, yo me encargaré de que mi padre no se dé cuenta. Además, siempre me envía a mi para que cobre a nuestros inquilinos, no se enterará. Gracias Teresa.
─De nada hermosa, éste no es mundo para traer a ningún hijo  ─contestó amargamente Teresa.

     Teresa deja de recordar y se centra en el presente, sabe que el tiempo juega en su contra, deben marcharse cuánto antes de la ciudad. Esteban ha empezado a recoger algo de comida y bebida para el camino. Teresa sigue en la habitación intentando encontrar  la solución para sacar a esa niña de su casa. 
─Ruth tenemos que marcharnos, tú vendrás con nosotros. Levántate y que Esteban te sirva un vaso de aguardiente, al menos te calmará el dolor un momento.
─¿Puedo ir con vosotros?¿Me ayudareis? ─pregunta en tono esperanzado Ruth.
─Sí, no debemos demorarnos. Cualquier vecino puede haberte visto entrar y dar parte al Santo Oficio de tu paradero. 
            Con estas palabras Teresa consigue su objetivo, que Ruth se mueva de la cama y confíe en sus planes de fuga compartida. Sin embargo, el plan real es otro muy diferente. El estado físico de Ruth les retrasaría en la huida y si los encontraran junto a ella estarían perdidos de igual manera. La llevarán consigo un tramo lo suficientemente largo para que se relaje en su compañía y cuando salgan de la ciudad, la despistarán con cualquier excusa abandonándola a su suerte. Hay veces en la vida que se deben tomar decisiones basadas en la propia supervivencia y esta situación es una de ellas. 
     Esteban, recogiendo sin descanso, ha conseguido recopilar todo aquello más necesario, es unos diez años mayor que Teresa. No es tan agraciado como ella, su nariz es aguileña, pero por todos sus demás rasgos en conjunto podría decirse que es un hombre apuesto, con un espeso cabello moreno, alto y corpulento. Sus ojos no son demasiado grandes pero su intenso color negro les dota de una intensidad fuera de lo común. Esto provoca que mucha gente prefiera cambiar de acera si se cruza con él. Su carácter reservado tampoco ayuda demasiado, solamente se muestra tal y cómo es con Teresa. 
─¿Ya lo tenemos todo, has metido en las bolsas algo de ropa? ─pregunta Teresa inquieta.
─Si, me estoy acostumbrando a estas fugas repentinas - responde Esteban algo enfadado, cuando quieras podemos irnos ya. Yo preferiría no demorar demasiado nuestra salida ─dice mientras se queda mirando fijamente a Ruth.
─Vámonos entonces, estamos en grave peligro ─contesta Teresa dirigiéndose a la puerta.
     Cuando se disponía a abrir la puerta unos terribles golpes al otro lado de la misma la sobresaltan, por inercia da unos pasos atrás que la llevan a chocar contra Esteban que estaba situado detrás de ella. Se da la vuelta y sus ojos color ámbar se cruzan con el negro de los de Esteban, sus miradas reflejan el intenso terror que en ese preciso momento están sintiendo. Por su parte, Ruth se queda pálida e inmóvil, ante la posibilidad de que los alguaciles del Santo Oficio se encuentren al otro lado de la puerta. Teresa con su dedo índice sobre los labios les indica a Ruth y Esteban que guarden absoluto silencio, si se escucha algún movimiento dentro de la casa y los visitantes son funcionarios de la Inquisición no dudarán en entrar por la fuerza al menor indicio. Están atrapados. Teresa  mediante gestos les indica que permanezcan totalmente quietos y ella empieza a moverse con gran agilidad y destreza por la estancia, es tan silenciosa que casi parece flotar sobre el suelo, ya que no se escuchan sus pisadas. De una de las bolsas preparadas para el viaje, extrae un pequeño saco de terciopelo rojo, lo abre con cuidado y libera un precioso medallón que se cuelga al cuello. El colgante es una tira trenzada de cuero marrón y el medallón parece hecho de cobre rojizo. Es de forma circular, su borde no es liso sino ondulado, el motivo de las ondulaciones es la serpiente que rodea el medallón, en la parte superior de éste parece que la propia serpiente se come su cola. Esta serpiente enmarca una estrella de cinco puntas que a su vez guarda en su centro una pequeña cruz, la única peculiaridad de la cruz es que en el extremo inferior la línea continúa hacia abajo y dibuja una hoz. En el centro de la hoz un pequeño orbe brilla enrojecido. Posteriormente, se dirige a otra bolsita marrón y coge un puñado de polvos que sugieren por su textura y fuerte olor que han sido previamente machacados. Cuando ha terminado se sitúa en primera línea ante la puerta de entrada y grita:
─¿Quién anda ahí?
─Algualciles de la Santa Inquisición señora, abra la puerta por favor, nos han informado de que una fugitiva se esconde en su domicilio ─el tono empleado por el funcionario es calmado.
─Un momento, estaba dormida y me han despertado ─miente Teresa.
─Lo sentimos, sólo será un momento.
            Los tres se miran nerviosos, saben que va a ser muy difícil librarse de ser apresados. Teresa no puede evitar que su mirada llena de rabia se dirija a Ruth, cuando sus ojos se encuentran, Ruth se revuelve y no puede ahogar un grito de dolor. Están absolutamente perdidos, al oír el inoportuno grito, los alguaciles están empujando la puerta con tanta fuerza que no tardarán ni cinco minutos en conseguir entrar. Los golpes que propinan a la puerta de madera son tremendos y está empezando a resquebrajarse, varias astillas saltan a cada impacto y Teresa se coloca delante de Ruth y Esteban con el puño derecho cerrado y en alto sosteniendo la mezcla polvorienta y con la otra mano apretándose el peculiar colgante. Sucede lo inevitable y la puerta cede a las embestidas, se abre violentamente. Son tres los alguaciles que los miran desde el otro lado del umbral, y en ese instante inicial de incertidumbre Teresa abre la mano y sopla con precisión, esparciendo el polvo en la cara de los tres funcionarios, mientras con su mano izquierda aprieta fuertemente el colgante que ha empezado a brillar con una enorme intensidad. No puede apreciarse la fuerza del resplandor porque permanece oculto dentro de su mano, pero aún así, de entre sus dedos se escapa una intensa luz roja. Teresa suelta finalmente el medallón y la brillante luz roja los envuelve a todos al fin, entonces dirige sus manos abiertas hacia los alguaciles mientras susurra y recita una misma frase para sus adentros: Malleficum est, demonicum sum, malleficum est, demonicum sum.. Mientras lanza su hechizo sus ojos se han convertido en dos auténticas bolas de fuego, han perdido cualquier expresión humana y ahora son de un amarillo encendido e intenso. Los tres hombres que no esperaban el ataque se echan las manos a la cara mientras se retuercen y encorvan sufriendo unas horribles convulsiones. 
─¡Démonos prisa! grita Teresa dirigiéndose a Ruth y a Esteban ─el efecto del hechizo solamente durará unos minutos, no tenía suficiente cantidad de polvos para conseguir un efecto más duradero que nos proporcionara cierta notable ventaja.
            Ruth se ha quedado inmóvil y en su rostro se dibuja una mueca de terror, no puede dejar de mirar a los alguaciles y no puede creerse lo que sus ojos ven. Es horrible, sus rostros han desaparecido para dejar paso a una masa deforme de carne. No tienen ojos, ni nariz, ni boca...es una imagen terrorífica ver esos cuerpos tambaleándose y tocándose frenéticamente con los dedos aquellas partes de la cara que ahora han desaparecido. Ruth conocía de las extrañas facultades de Teresa en cuanto a la elaboración de ciertos brebajes medicinales, pero no podía sospechar que era una auténtica bruja, una con tanto poder. Un escalofrío le trepa por la espina dorsal, se ha metido en la boca del lobo. 
─¿Vas a venir o te vas a quedar ahí parada? ─le pregunta Esteban mientras se aleja  rápidamente con Teresa.
            Pero Ruth no puede moverse, se ha quedado tan asustada por lo que acaba de ver, que se deja caer al suelo sobre sus rodillas y se acurruca llorando. Los tres hombres siguen perdidos, sumidos en su oscuridad y silencio forzados. Pero si las palabras de Teresa son ciertas, no tardarán en recobrar sus rostros. Entonces, lógicamente furiosos, si la arrestan solamente a ella la acusarán también de ser una bruja, lo que provocará que cualquier esperanza de salvación para su familia desaparecerá. No tiene más remedio que huir con ellos. 
            Cuando Ruth levanta la vista para buscarles y escapar juntos, descubre que simplemente han desaparecido. Se queda allí sentada en el suelo, observando aterrada cómo las masas deformes de carne se revuelven sobre sí mismas devolviendo lentamente el rostro humano a sus propietarios. Su suerte está echada. 


Un saludo y hasta mi próxima entrada.
Besos.
Sirkka.




lunes, 11 de noviembre de 2013

PRÓLOGO DE "LA SANGRE DE LAS BRUJAS"

Hola a todos, he tenido algo abandonado el blog...bueno para ser sincera MUY abandonado. He pensado que sería buena idea colgar el prólogo que tengo preparado para la "Sangre de las Brujas" y así me podeís decir que os parece. Me gusta ponerme el termómetro de vez en cuando.

Como sabeis, tengo este proyecto aparcado y así va a continuar por un tiempo. ¿El motivo? Muy sencillo, tengo entre manos algunas ideas que me están literalmente taladrando la cabeza y necesito escribirlas. Una es mi "Octavo Sacerdote" que está a punto de caramelo y os va a encantar. Y la otra una nueva historia que me tiene absorvida...sólo os adelanto que la protagonista se llamará Valeria y estoy segura que esta va a ser mi novela...la mejor de todas, sin desmerecer a las otras claro está. Pero, no sé... tengo una sensación especial con esta, un pálpito, digamos que es una intuición brujil jeje.

Bueno no me enrollo más y os dejo con este prólogo tan intenso...disfruté mucho cuando lo pude recrear en Toledo...igual me estiro y os pongo la foto del intrumento original. Disfrutad de la lectura.




PRÓLOGO: LA  CONFESIÓN
                                              

─ ¡Vuestra merced os imploro clemencia! ─ exclama entre terribles gritos y sollozos la joven.
            Su cuerpo totalmente desnudo intenta en vano acomodarse sobre un asiento especial. La silla en cuestión ha sido construida enteramente de hierro y está recubierta de unos puntiagudos pinchos del mismo material. El respaldo, el asiento y los reposabrazos son los que condensan una mayor presencia de púas. La joven demostrando cierta inteligencia ha decidido repartir su peso entre sus dos nalgas, evitando de este modo que los aguijones de acero se le claven más profundamente. En ambos reposabrazos una correa de cuero marrón mantiene inmovilizados sus delgados brazos y de la misma forma tiene amarrados ambos tobillos. Su rostro apenas es visible, permanece oculto tras la fina cortina que forma su melena castaña, no debe tener más de quince años. Su piel es blanca y suave, demasiado delicada para soportar el tormento que le están infligiendo desde hace algunas horas.
            Sus incesantes ruegos no reciben respuesta alguna, ninguno de los tres hombres que la observan tiene intención de apiadarse de ella. Ante ella el verdugo con la cara tapada espera instrucciones. Por lo visto la sesión del interrogatorio no ha terminado, de hecho estas sesiones no suelen terminar hasta que el acusado confiesa voluntariamente su delito. 

            ─ ¿Ha tomado usted nota de la última frase? ─ pregunta el Inquisidor al notario del secreto.
            ─ Sí Señoría lo he hecho.─ contesta el notario mientras revisa sus últimas anotaciones.
            ─ Excelente. Y bien, ¿por dónde íbamos? ─ pregunta mientras vuelve su mirada y su atención a la joven.

            El notario rápidamente relee sus últimas anotaciones, encuentra la última pregunta formulada por Don Iñigo Márquez de Tordesilla, actual Inquisidor del Tribunal del Toledo, a la joven hereje que no para de llorar y de removerse en su confortable silla.

            ─ Su Señoría la última pregunta ha sido en referencia a las prácticas y ritos judíos que supuestamente sigue celebrando su familia en secreto ─ responde el notario señalando a la muchacha.

            Por lo visto hace tan sólo cinco meses toda la familia de la joven decidió abandonar el judaísmo para renacer mediante el sacramento del Bautismo en la auténtica fe cristiana. La familia de la muchacha es una de las más acaudaladas de la ciudad debido a un próspero negocio de antigüedades, miembros de la nobleza decoran sus palacios con piezas adquiridas en él. Sin embargo tras la denuncia de una vecina acusándoles de herejes, todo ha pasado a manos del Santo Oficio para que sea repartido entre la Santa Inquisición y la Corona, siempre que resulten culpables de los cargos que se les imputan. De los cinco miembros que componen la familia, la joven es la última que resta para confesar voluntariamente su delito. Esto provoca un especial interés en el Inquisidor que continúa impasible su sesión de interrogatorio, firme en su propósito de no fracasar.

            ─ Muchacha, de nada te servirán tus ruegos y súplicas cuando estamos tratando de descubrir pecados tan importantes como el tuyo. La herejía es el mal supremo que amenaza a nuestra querida Iglesia, el veneno que se esparce imparable por nuestras calles. ─ le dice en tono severo mientras con una mano levanta la barbilla de la joven y con la otra le aparta el pelo de la cara.
            ─ Vuestra merced tiene que creerme. Mi familia y yo hemos abrazado la nueva fe de corazón. Nuestras conciencias están limpias al igual que nuestros corazones. ─ le contesta intentando aparcar por un momento el intenso dolor que la penetra desde sus muslos.

            Esta respuesta no es la que Don Iñigo quería escuchar, se aparta con cuidado y con una seña indica al verdugo que es su momento para ganarse los reales de su sueldo. El verdugo se acerca a la joven y le propina un duro golpe en el antebrazo derecho, el brutal impacto provoca que los aguijones de acero se claven sin piedad en la carne de la muchacha. Instantáneamente un grito desgarrado de dolor invade la estancia, del aullido inicial poco a poco van quedando tan sólo gemidos intermitentes que varían en tono e intensidad pero que no cesan. Algunos de los pinchos más largos le han atravesado por completo el brazo y sobresalen por arriba, la sangre gotea densa por el reposabrazos hasta formar un charco en el suelo. El rostro de la joven está totalmente descompuesto, las lágrimas brotan de sus ojos con fuerza y la desesperanza se ha instalado en su joven corazón.

            ─ Volvamos a empezar muchacha. Confiésate hereje y reza a Dios por el perdón de tus pecados. Tu padres y hermanos ya lo han hecho, han reconocido todos que la acusación de herejía era cierta.
            ─ ¡Eso no es cierto! ─ grita la joven desesperada.
            ─ ¿Acaso dudas de mi palabra? Esta es la mayor prueba de tu condición de hereje.
            ─ No me malinterprete vuestra merced, perdóneme. No somos herejes, no somos herejes, no somos herejes…

            La joven repite en susurros estas últimas palabras sin parar, intentando que los tres hombres presentes crean en ellas para poder acabar con esta tortura. Pero cómo era de esperar no surten efecto alguno y Don Iñigo Márquez de Tordesilla le hace otra seña al verdugo. Durante el transcurso de la escena el notario apenas ha levantado la cabeza de su escritorio, se afana en transcribir al detalle cada palabra, cada grito, cada pregunta, cada gemido, cada respuesta y así sucesivamente.
            El verdugo, en respuesta a la última seña recibida, coloca una antorcha encendida debajo de la silla de la muchacha. El hierro es un excelente conductor del calor y en pocos minutos la temperatura del asiento ha subido considerablemente. La joven, aterrada, comienza a sentir cómo el calor se intensifica bajo sus nalgas, intenta removerse para evitar quemarse pero esto provoca que los aguijones se le claven en las posaderas y los muslos. Comienza a suceder lo inevitable y la delicada piel de la joven se pega a la plancha de hierro, un inconfundible olor a carne quemada impregna la cámara. Los gritos son ensordecedores, impropios de un ser humano, parece que quien aúlla de dolor es un animal. Entonces, en ese preciso momento es cuando se produce la ansiada confesión.
            


Venga vaaa la foto!

 



           



miércoles, 20 de febrero de 2013

EL BUEN SAMARITANO


 



EL BUEN SAMARITANO


París, enero del 1885. Cementerio de Montmartre.

Ha caído la noche, la luna llena y su tenue luz nos brindan la posibilidad de entrever las variadas construcciones funerarias que nos rodean, algunas son sencillas lápidas de mármol que caen sobre las tumbas, otras suntuosos panteones de las clases pudientes de la ciudad, siempre en este caso adornados con esculturas angelicales o virginales que con los brazos abiertos y la mirada perdida hacia el cielo nos invitan a refugiarnos en su regazo, para así poder consolarnos por el ser querido desaparecido.      Otras simplemente son cruces de piedra o madera que señalan una tumba excavada en la tierra del camposanto, pero todas ellas van grabadas con el nombre de sus propietarios. Aunque no siempre estos datos identificativos son visibles, debido a que muchas de las tumbas están recubiertas de un verde, húmedo y esponjoso musgo, fruto de la intensa humedad que domina el ambiente y que se va apoderando de cualquier  superficie sin prisa pero sin pausa.
Las abundantes lluvias parisinas provocan el deterioro implacable de las sepulturas, sean de la clase que sean, luciendo varios regueros negruzcos en su superficie. Son las marcas del paso del tiempo y aunque parece que en los cementerios el tiempo se detiene, este deterioro nos recuerda que no es así. Ya son sesenta años los que han pasado desde que se inaugurara el Cementerio de Montmartre, concretamente el 1 de enero de 1825 y con el paso de estas seis décadas han tomado importancia en el paisaje los arces que ahora en pleno invierno lucen sin hojas, desnudos, y con un esquelético aspecto, sirviendo de apoyo a los cuervos que aferrados a sus ramas son los únicos habitantes vivos del lugar.


Hace mucho frío, pero con la humedad la sensación térmica se intensifica notablemente, aunque esto a los que aquí descansan les importe bien poco, no le sucede lo mismo a la joven Lucile Goupil, el intenso frío la ha despertado. Mademoiselle Goupil no puede moverse, su movilidad se ha visto drásticamente reducida al haber sido introducida a la fuerza en un nicho pequeño, la construcción funeraria que la retiene es como una caseta de un metro de altura, y a lo ancho tiene el espacio justo para introducir un féretro, está terminada con un tejado a dos vertientes.  Ella está recostada entre el ataúd y la pared, asustada, dolorida y muerta de frío.
Su primera reacción es tocarse la parte baja de la cabeza cerca de la nuca, un intenso dolor la atraviesa y se da cuenta de que tiene una herida, pero no es una herida reciente, la sangre esta seca y su pelo está apelmazado en esa zona por lo que si intenta mover la cabezadota cómo le tira y le duele. Mira a su alrededor intentando encontrar la forma de salir de allí, pero no puede ver nada. Está completamente a oscuras y desorientada, lo único que sabe es que sigue en el Cementerio de Montmartre.
El padre de Lucile, Monsieur Philipe Goupil, un humilde sastre de cincuenta y cinco años ha sido enterrado hace doce horas no muy lejos de dónde ella se encuentra. El entierro ha sido sencillo, pues aunque Monsieur Goupil era afortunado en el amor, contaba con el de su esposa y con el de sus tres hijos, no le sonreía la fortuna en los negocios y su sastrería apenas les daba para comer. Su salud era frágil y su esposa no se sorprendió demasiado cuando hace dos días al despertarse lo encontró sin vida en la cama de matrimonio, a su lado. De sus tres hijos, Lucile era la más pequeña y la única niña, siempre había estado muy unida a su padre, quedarse sin él a los dieciséis años había resultado un golpe durísimo, difícil de encajar para ella.

Las lágrimas se agolpan en sus ojos y un nudo en la garganta le impide gritar, sigue intentando moverse. El vestido que lleva no la ayuda demasiado en conseguir su objetivo. Lucile va vestida toda de negro, la parte superior se compone de un corsé de escote cuadrado, adornado con una fina puntilla que también asoma al final de las mangas en las muñecas y la falda es larga hasta los pies. Nota que algo le roza los pies y empieza a moverlos frenéticamente cuando descubre por los chillidos que emite el animal que es una rata la que juega a intentar colarse en el interior de su falda. Con una certera patada consigue librarse de ella, pero su miedo no cesa, se incrementa a cada frío minuto que pasa en el interior de la tumba, tiene que mantener la calma y recordar cómo ha llegado allí.


                                               ***



Sus pensamientos viajan al preciso momento en el que estaba despidiendo para siempre a su padre. La familia Goupil al completo, vestida de riguroso luto, reunida alrededor del ataúd de pino y escuchando al padre Vincent recitar el Salmo del buen pastor y pedirle a Dios que reciba en su reino el alma del buen Philipe Goupil.
No es difícil darse cuenta de que Lucile es la más afectada, o tal vez es la que más exterioriza su dolor, no puede contener el llanto y sus dos hermanos la sostienen delicadamente para que no se desmaye en el duro momento de inhumar los restos mortales del patriarca. Será enterrado en la zona más humilde del cementerio, aquí no hay panteones ni sepulturas de mármol, aquí sólo está la tierra húmeda. Pueden verse varios hoyos profundos excavados uno al lado del otro formando una hilera ordenada de futuras tumbas. Una sencilla cruz de piedra con el nombre de Phillipe Goupil señalará dónde reposarán sus restos mortales para la eternidad, su familia ha optado por gastar los escasos ahorros que tenía en esta cruz de piedra tallada. La otra opción mucho más barata era poner una cruz de madera, pero con las intensas humedades y el efecto del sol lo más probable es que acabara desintegrándose con el paso de los años.
Una fina llovizna empieza a caer cuando todo ha terminado, esto provoca que la mayoría de asistentes al sepelio opten por marcharse con más premura de la esperada, la viuda se adelanta recibiendo muestras de condolencia y los más sentidos pésames.          

Lucile se ha quedado de rodillas, llorando con la cabeza entre las manos, sin importarle la lluvia, el frío o el barro que le está ensuciando todo el vestido, sólo puede pensar en el desamparo y desconsuelo que la invaden, pero una mano se posa con cariño en su hombro y unas amables palabras la consuelan.

_  Mí más sentido pésame Mademoiselle Goupil.
_Muchas gracias Monsieur Dupont.- responde ella mientras se pone de pie e intenta recomponerse.
_ Perdóneme, la he visto aquí tan afligida que no he podido evitar acercarme para intentar ofrecerle un poco de consuelo.-
_ No se preocupe Monsieur Dupont, saldremos adelante. No le niego que será difícil, para mi muy difícil la verdad.-le responde entre sollozos de nuevo.-
_ No llore más Mademoiselle Goupil, verla sufrir así me apena profundamente. Cuando he escuchado sus gritos pidiendo que no la separaran del ataúd de su padre… Me ha conmovido Lucile.-
_Si, bueno…tengo que hacerme a la idea de que mi padre me ha dejado para siempre.- comenta mirando al suelo.-
_ No lo creo. Su padre ahora la está esperando mientras descansa en paz Mademoiselle.-
_ Si, supongo que así es. Cuando llegue mi hora me reencontraré con él.-
_ Por supuesto, no lo dude. Acompáñeme por favor, la lluvia no cesa y no podría perdonarme el dejarla aquí sola y mojada ante la tumba de su padre.-
_Muchas gracias. Me he entretenido demasiado tiempo llorando y rezando, ¿sabe usted dónde están los demás?- pregunta preocupada.-
_ Si Mademoiselle, han cogido este camino para cruzar más rápidamente hasta la salida, no andarán lejos, si me sigue los encontraremos enseguida.-
_Muchas gracias de nuevo y perdone las molestias Monsieur Dupont.-
_No es molestia ninguna, por aquí por favor.- le responde mientras le indica con la mano el camino a seguir.

Monsieur Gustave Dupont a sus sesenta años tiene el pelo totalmente gris, aunque no se aprecia fácilmente por culpa del sombrero negro de ala ancha que siempre lleva. Sus rasgos son duros, y su piel está curtida por el sol o por el viento frío que soporta todos los días del año, sus ojos son pequeños y muy azules, su nariz aguileña y su sonrisa muestra una dentadura grande y descuidada. Es alto y delgado, va vestido con una larga y sucia levita negra, debajo de ella asoma un chaleco negro a juego, de cuyo bolsillo pende una cadenita plateada que pertenece a un reloj que guarda con gran estima, finalmente, unos pantalones negros rematan el atuendo.

Van sorteando tumbas, caminando a paso ligero mientras los ángeles y las vírgenes esculpidas los observan, varios cuervos graznan a su paso y empieza a caer la noche, pero la indumentaria de Lucile provoca que le resulte un tanto complicado pasar entre algunos sepulcros construidos más juntos y al haberse mojado y ensuciado de barro la falda pesa más de lo habitual.

_ ¿Que vida más injusta verdad?- pregunta Monsieur Dupont para romper el incómodo silencio que se estaba creando.- Nos aparta de los seres más queridos, dejando en nosotros unos vacío tan profundo que sólo podemos llenar con lágrimas de amargura.-
_ Si, mi padre para mi lo era todo, no sé si podré vivir sin él.- contesta Lucile tristemente.-
_ Que tristes palabras Mademoiselle y que ciertas a la vez. Ya llegamos a la salida, por aquí por favor.- le indica amablemente.-

Lucile se adelanta, han llegado a una parte mucho más cuidada que la zona dónde acaban de enterrar a su padre. Hay panteones de diversos tamaños y formas, aunque predominan claramente las construcciones de tamaño más reducido. También hay algunas con capacidad para tres o cuatro ataúdes, estas más grandes siempre van exquisitamente adornadas con flores talladas en mármol o palomas alzando el vuelo y algunas rematadas con esculturas de la gente que allí reposa en paz.

A Lucile le llama la atención una escultura en mármol blanco de una niña a la que han representado con unas alas de ángel, es preciosa, delicadamente esculpida y con unos detalles exquisitos. Se acerca para admirarla de cerca y en ese momento de distracción recibe un fuerte golpe en la cabeza cerca de la nuca, se desploma al suelo y sus ojos se cierran al perder el conocimiento, dejando en su retina la imagen de la niña alada de mármol.


Monsieur Dupont sostiene en su mano un trozo de piedra que se ha desprendido de una tumba, hay sangre en el canto de la piedra, sangre de Lucile. Ha parado de llover, pero el suelo es un barrizal, aún así, arrastra por el suelo a la pobre Lucile, la suelta solamente para abrir la puerta del pequeño sepulcro de la niña con alas de ángel. Tiene que agacharse pues el tamaño de la caseta mortuoria no es demasiado grande, se ve dentro el ataúd blanco y pequeño. En primer lugar, coloca la cabeza de Lucile en la entrada y apunta hacia el hueco que queda entre el ataúd y la pared, entonces la agarra por los pies y empuja para introducirla acostada de lado en el recoveco, sabe que no va a poder moverse si despierta.
Antes de cerrar de nuevo el sepulcro introduce en él la piedra ensangrentada y desaparece caminando tranquilamente. Al momento se encuentra con los hermanos de Lucile.

_Monsieur Dupont por favor ¿ha visto a nuestra hermana?- le preguntan intranquilos Gerard y Baptiste Goutil.-
_Si, hace un momento que se ha marchado, le costaba abandonar la tumba de vuestro padre.- contesta calmado Monsieur Dupont.
_ Muchas gracias. Suponemos que no tardará en llegar a casa entonces.- apunta Gerard Goutil.-
_ Con tantas callejuelas y caminos que tiene este lugar no sería raro que nos hubiésemos cruzado y ni siquiera nos hubiésemos visto.- remarca Baptiste Goutil.-
_ Desde luego, no es difícil perderse en este laberinto.- les señala Monsieur Dupont.

Gerard y Baptiste Goutil se alejan tranquilos con el convencimiento de que su hermana pequeña Lucile debe estar a punto de llegar a casa con su madre. Emprenden su camino a la salida y al pasar también se fijan en la preciosa niña de mármol con alas de ángel, la observan un momento y desaparecen entre las tumbas.

                                        


  ***



Lucile lo recuerda todo; el entierro de su padre, su paseo con Monsieur Dupont, el golpe seco… pero sigue en la más absoluta oscuridad, le continua doliendo el golpe en la cabeza, el frío es insoportable y no encuentra forma alguna de escapar, respira con dificultad porque le molestan muchísimo el polvo y las telarañas que le acarician el rostro, intenta no inhalar demasiado fuerte para evitar tragárselo todo, pero es inútil y acaba escupiendo asqueada. Tiene el hombro derecho entumecido, debe llevar varias horas recostada de lado, no le extraña la posición, no cabe de otra forma. Piensa que la locura esta empezando a invadirla, oye  voces fuera, oye cómo la llaman por su nombre.

_ ¿Mademoiselle Lucile, me oye?- le pregunta Monsieur Dupont mientras da tres golpecitos en la puerta de acceso al sepulcro.-

Lucile se tensa instintivamente al escuchar la voz de su agresor, no entiende absolutamente nada de lo que está sucediendo, pero decide que debe ser astuta y no contestar. Debe fingir que aún sigue inconsciente, de ese modo si él decide abrir la puerta y sacarla, cuando este fuera tendrá alguna posibilidad de escapar. La puerta se abre y una bocanada de aire frío invade el reducido habitáculo. Siente cómo la agarra con fuerza por los tobillos y empuja para sacarla, son necesarios al menos tres empujones para que su cuerpo salga enteramente al exterior, ahora esta tumbada boca arriba fingiendo no haber recobrado la conciencia.

_ Mademoiselle Lucile, despierte, ¿se encuentra bien?- le pregunta Monsieur Dupont mientras le da unos suaves golpecitos en las mejillas.- Despierte, sus hermanos han venido a buscarla.-

No puede evitarlo, al oír la última frase abre los ojos y se delata. Ante ella se encuentra Monsieur Dupont, mirándola extrañado. Intenta acercarse a Lucile para levantarla con cuidado, pero cuando lo intenta ella recula en el suelo y se arrastra torpemente para escapar de él.

_ Mademoiselle Lucile, no tenga miedo, no voy a hacerle ningún daño, por favor deje de arrastrarse por el suelo.- le dice intentando apaciguarla sin demasiado éxito.-
_ ¡Usted me ha golpeado y me ha encerrado en una tumba!- exclama Lucile con rabia.- ¿Y dice que no va a hacerme daño, cómo espera que le crea?- pregunta ella con absoluto desprecio.-
_ No Mademoiselle, yo no la he golpeado. Usted estaba desolada y muy triste por haber enterrado a su padre ¿Lo recuerda? Y se ha desmayado con la mala fortuna de que al caer se ha golpeado en la cabeza con una piedra.- le explica intentando calmarla.-
_Y si eso es así, ¿Quién me ha metido en una tumba?- el tono de su pregunta revela que está valorando la posibilidad de que la historia de Monsieur Dupont sea cierta.-
_ No lo sé Mademoiselle yo al verla con sangre en la cabeza me he asustado mucho y me he marchado rápidamente para buscar ayuda.- contesta él mostrando cierta dosis de culpabilidad por haberla dejado sola.-
_ ¿Dónde están mis hermanos?- pregunta Lucile mirando a derecha y a izquierda nerviosa sin verlos.-
_ Están buscándola cerca de la tumba de su padre.- contesta señalando la dirección.
_ ¿Y si no me ha metido usted aquí, cómo me ha encontrado?- pregunta cautelosa Lucile.-
­­_ Llevamos ya un rato buscándola y me ha parecido oír golpes aquí dentro, por eso he abierto el nicho y he echado un vistazo. Cual ha sido mi sorpresa al encontrarla inconsciente en el interior.- contesta en un tono franco.-


Lucile no acaba de creerse la historia que le ha contado Monsieur Dupont, pero si resulta ser cierta todo va a terminar en un momento, se reunirá con sus hermanos y ellos averiguarán lo que ha sucedido.
Ella ya ha emprendido el camino hacia la tumba de su padre, Monsieur Dupont la sigue a una distancia prudencial, por lo visto no quiere acercarse mucho e incomodarla, esto es buena señal piensa ella. Pero conforme Lucile se acerca a la tumba de su padre Monsieur Dupont acorta distancias con ella, los dos están nerviosos, la tensión se palpa en el ambiente y ambos saben que esta falsa apariencia de normalidad va a desaparecer de un momento a otro.

Puede vislumbrarse al final del camino que recorren la zona más humilde del cementerio. Es una zona despejada si la comparamos con el resto del camposanto, aquí no hay sepulturas de mármol, ni ostentosos panteones con estatuas que los adornen, simplemente algunos arces y cruces de piedra o madera que señalan las tumbas. No han llegado aún, pero Lucile ya ha visto y reconocido a lo lejos la cruz que marca la tumba de su padre y se acerca a ella como alma que lleva el diablo, ni siquiera mira atrás para comprobar la distancia que la separa de Monsieur Dupont. 

         Cuando llega a la altura exacta de la tumba el alma le cae a los pies, el hoyo no ha sido rellenado con tierra y al fondo observa horrorizada el ataúd abierto con su padre reposando en su interior, con las manos cruzadas a la altura del vientre y vestido con el mejor traje negro de tres piezas que tenía. Su aspecto es sereno, aunque el tono de su piel es grisáceo y con una textura similar a la cera, verlo así le provoca un escalofrío que la recorre de arriba abajo, y un nudo en la boca del estómago la alerta de que exactamente detrás de ella se encuentra Monsieur Dupont en absoluto silencio. Puede sentir en su dolorida nuca el cálido aliento que exhala al respirar intensamente tan cerca de ella.

_ Oh Mademoiselle Lucile, aquí tiene a su querido padre. Le he destapado para usted, para que pueda verlo por última vez.- le susurra desde la retaguardia Monsieur Dupont.-
_ ¿No me había dicho que mis hermanos me estaban buscando aquí?- le pregunta ella intentando mostrar entereza.-
_ Ah si, tiene usted razón, la estaban buscando pero hace unas diez u once horas, olvide mencionarle este detalle, lo siento.- su voz es fría, distante, muy diferente al tono que había utilizado con ella hasta el momento.-
_ ¿Por qué me está haciendo usted esto, por qué me ha golpeado?- le pregunta angustiada.-
_ Sólo quiero ayudarla, ¿no se da cuenta? Gracias a mi está viendo de nuevo a su padre, debería agradecérmelo Mademoiselle.- su tono es de sincera indignación.-
_ Usted esta loco, completamente loco. Hubiera podido matarme con el golpe que me ha dado, ¿no se da cuenta? Y además, por el amor de Dios, deje descansar en paz a mi padre por favor se lo ruego.- le contesta ella mientras las lágrimas empiezan a resbalarse por sus mejillas.-
_ Nada más lejos de mi intención el molestar a su padre en su descanso eterno, Dios me libre. Mi único propósito es prestarle a usted la ayuda que imploraba abrazada al féretro de su padre, mientras gritaba que no la abandonara.
_ Yo no necesito su enfermiza ayuda, ¡apártese y déjeme!- le grita Lucile mientras intenta en vano alejarse de él.-
_ Sé que no lo entiende, pero aún así voy a ayudarla Mademoiselle Lucile, ya no tendrá que sufrir cada día, a cada hora, por la pérdida de su padre. No llorará más, no sufrirá más. Yo voy a reunirla con él, por favor hágame caso, mírelo y escúchelo, tal vez si él se lo dice me creerá. Está llamándola por su nombre, ¿no lo oye?- le dice mientras la sujeta y la zarandea con fuerza.

Lucile intenta desesperadamente soltarse, pero todos sus esfuerzos son inútiles, está cansada y débil, exhausta. No tiene fuerzas ni para gritar en condiciones, aunque si lo hiciera nadie la oiría, darse cuenta de ello la desanima. De un empujón Monsieur Dupont la tira al suelo y se sienta a horcajadas sobre ella, Lucile se resiste y se retuerce por debajo, pero él no parece molestarse por nada que suceda a su alrededor, está tranquilo y concentrado. Saca de su bolsillo una fina tira trenzada de cuero marrón, la tensa en el aire con un rápido estirón, se la pasa hábilmente por el cuello a Lucile y aprieta para estrangularla.
Los ojos de ella están exageradamente abiertos, su expresión es la del miedo, abre la boca de forma desmesurada. La tira trenzada de cuero se le clava en el cuello hasta el punto de provocarle heridas y ella mueve sus dedos alrededor de la trenza intentando aflojar la presión que le provoca, pero la asfixia vence y Lucile muere.

_ En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.- recita Monsieur Dupont mientras se persigna.- Señor reúne a esta devota hija con su padre. Amén,- pronuncia estas palabras mientras dibuja con su dedo pulgar una cruz en la frente de Lucile.

Con sumo cuidado retira la trenza de cuero marrón que luce ella alrededor del cuello y queda dibujado el trenzado de la tira en su piel, como si llevara una gargantilla violácea muy ajustada. Cuando Monsieur Dupont se levanta, observa impasible el cuerpo sin vida de Lucile rodeado de barro, yace muerta a sus pies y si dirige su mirada hacia la izquierda puede ver el cuerpo de Monsieur Philipe Goupil, único testigo de lo que acaba de suceder.

La luz diurna empieza a iluminar el cementerio, Monsieur Dupont arrastra el cadáver de Lucile hasta el borde de la tumba de su padre, y una vez colocado en el borde con un empujón lo introduce dentro de la fosa, el cuerpo se precipita al fondo y queda tirado al lado del ataúd abierto. Sin entretenerse coge una escalerilla de cuerda, la desenreda y clava en el suelo los dos ganchos de hierro que hay en el extremo. Se asegura de que los ha colocado debidamente y baja por la escalerilla hasta el fondo del hoyo excavado como tumba. Coloca el cadáver de Lucile dentro del ataúd, y la acomoda al lado de su padre, cómo el ataúd no es lo suficientemente grande para albergar dos cuerpos y Monsieur Goupil ya tiene la rigidez propia que proporciona el rigor mortis, es Lucile la que tiene que acoplarse. Acaba recostada del lado derecho con el brazo y la pierna izquierdos sobre el cadáver de su padre. Monsieur Dupont sonríe al pensar que estarán abrazados para la eternidad y oye en su cabeza cómo padre e hija le dan las gracias, con la sonrisa aún en su rostro tapa el ataúd. Sube ágil por la escalerilla y la recoge desde arriba, la deja echa un rollo a su lado y con la pala empieza a depositar la tierra que tiene preparada en un montón para tapar el agujero. La tarea es agotadora, al principio no lo parece, pero cuando ya has perdido la cuenta de las veces que has hundido la pala en la tierra para echarla en el hoyo y aún no has cubierto ni la mitad del volumen la perspectiva cambia.
Cuando termina con sus pies aplasta la tierra para que adquiera cierta consistencia y repite el proceso por toda la superficie, de repente es interrumpido.

_ Buenos días Gustave, ¿Qué está haciendo aquí tan pronto?- pregunta el padre Vincent que aparece por sorpresa.
_Buenos días Padre Vincent, pues terminando con la tumba de Monsieur Philipe Goupil.- le contesta con la pala en la mano.-
_Muy bien, muy bien, eres un hombre realmente trabajador, tenemos mucha suerte de tener un enterrador como tú.- dice el padre Vincent con tono de satisfacción.-
_Oh muchas gracias, lo hago lo mejor que puedo. Siempre con respeto a los difuntos y como hombre de Dios.-responde mientras se santigua.-

Monsieur Gustave Dupont vuelve a quedarse solo en su cementerio, en el lugar dónde trabaja como enterrador, con sus pensamientos y sus terribles secretos rellenándolo por dentro. Los primeros visitantes empiezan a llegar al cementerio, algunos vienen con flores para depositar en las tumbas de sus seres queridos, otros simplemente vienen a pasear y a enterarse de los nuevos huéspedes que han sido alojados recientemente. Algunos se cruzan con Monsieur Gustave Dupont y le saludan amablemente, él les devuelve el saludo cogiendo el ala de su sombrero y bajándola levemente, intentando esconder de ese modo su mirada y los secretos que pueden escaparse a través de ella.